A Roma
Tras la muerte del papa, la Santa Sede queda en manos del camarlengo, actualmente el estadounidense Kevin Farrell. Lo primero será convocar a Roma a todos los purpurados para las exequias y para organizar la sucesión.
Preparativos
Los cardenales deberán consensuar la fecha del cónclave, que se celebrará antes del vigésimo día de la proclamación de la ‘sede vacante’.
Aislamiento
El cónclave se celebra con los cardenales encerrados para animar al acuerdo y evitar interferencias. Esta práctica surgió en 1270, cuando los habitantes de Viterbo, entonces sede pontificia, hartos de años de indecisión, encerraron a los ‘príncipes de la iglesia’ hasta elegir sucesor. Funcionó y el designado fue Gregorio X.
Así, en la fecha elegida, se encerrarán en la Capilla Sixtina para debatir el nombre del futuro papa, aunque solo podrán votar o ser elegidos los menores de 80 años.
Cardenales electores
Actualmente los electores son 138 (a fecha de febrero del 2025). La mayoría de Europa (54), seguidos por los asiáticos (24), los sudamericanos (18), norteamericanos (16), africanos (18), centroamericanos (4) y de Oceanía (4). Francisco descentralizó la iglesia con diez consistorios en los que creó purpurados ‘de las periferias’.
El modo de votación
Abolidos los modos de aclamación y por compromiso, la elección se hará por escrutinio secreto. Para que sea válida la elección del romano pontífice se requieren dos tercios de los votos.
El primer día de encierro se realizará una sola votación y en los días posteriores, en caso de fracasar, dos por la mañana y dos por la tarde.
Las papeletas
El ‘scrutinium’ contará con tres cardenales encargados de escrutar el proceso y tres de revisarlo. Las papeletas serán rectangulares y en ellas se lee ‘Eligo in summum pontificem’, mientras que en la parte inferior habrá un espacio para escribir el nombre del elegido.
Luego, cada purpurado llevará su papeleta hasta la urna y, ante los escrutadores, pronunciará él juramento: «Pongo por testigo a Cristo Señor, el cual me juzgará, de que doy mi voto a quien en presencia de Dios, creo que debe ser elegido»
Recuento
Una vez que todos han votado se procede al recuento. Los escrutadores leerán en alto cada papeleta mientras otro toma nota y un tercero las perfora con una aguja e hilo, uniéndolas en ristra.
Las fumatas
Tras cada votación se quemarán los votos en una estufa instalada para la ocasión en la Capilla Sixtina. El color del humo que salga por la chimenea anunciará al exterior el resultado: si es blanco, significará que se ha alcanzado un acuerdo. Si es negro, el cónclave deberá seguir. En el pasado se usaba leña o paja para intensificar el humo y evitar confusiones, pero ahora se emplean químicos.
¿Aceptas?
Una vez un cardenal se imponga al resto, el decano, Giovanni Battista (en febrero del 2025), preguntará al elegido: «¿Aceptas tu elección canónica para Sumo Pontífice?». De asentir, le preguntará cómo quiere ser llamado.
Habemus papam
El nuevo papa soberano es llevado enseguida a la sacristía de la Capilla Sixtina, conocida como la ‘sala de las lágrimas’, donde quedará anunciar la elección al mundo: ‘Habemus papam’ (tenemos papa) es la fórmula que el protodiácono exclamará desde el balcón de la basílica vaticana. El nuevo pontífice se presentará entonces al mundo e impartirá su primera bendición ‘Urbi et orbi’.
Nacido en Buenos Aires el 17 de diciembre de 1936, Jorge Mario Bergoglio fue elegido Papa en 2013, cuando tenía 76 años, y murió a los 88 años.
Tanto Francisco como su predecesor, Benedicto XVI, tenían alrededor de 70 años cuando fueron elegidos. Juan Pablo II tenía 58 años cuando fue elegido papa en 1978. El más joven en los últimos 600 años fue León X, quien tenía solo 38 años cuando fue elegido en 1513. Desde 1900, la edad promedio de los papas al ser elegidos es de 67 años, y la edad promedio al final de su papado es de 78 años.
Francisco sufrió un debilitamiento de su salud y crecientes limitaciones de movilidad durante años. El papa ingresó en el Hospital Policlínico Agostino Gemelli de Roma con una infección respiratoria el 14 de febrero. Unos días después, el Vaticano reveló que el papa padecía una neumonía doble. Esta fue su cuarta hospitalización desde su elección en 2013.
El 19 de enero de 2014, durante su homilía en la misa de la Jornada Mundial de la Juventud en Río de Janeiro, Brasil, el papa Francisco hizo un llamado a la Iglesia a salir de su zona de confort y acercarse a las personas, especialmente a los más necesitados, los marginados y los alejados de la fe.
Durante la misa de apertura del Año de la Fe, el 16 de noviembre de 2013, el papa invitó a reflexionar sobre la importancia de la solidaridad y el servicio a los más vulnerables.
Este mensaje refleja uno de los temas recurrentes en su pontificado: la llamada a poner el servicio a los demás, especialmente a los más débiles y necesitados. La frase la verdadera grandeza de una persona, que es su capacidad para cuidar y ayudar a los demás.
En medio de su visita a Corea del Sur, el 14 de agosto de 2014, en el marco de su encuentro con jóvenes y educadores, el papa se refirió a la educación y los ajustes presupuestales en el sector.
En una entrevista, el pontífice dio una serie de críticas con respecto a los recortes o ajustes que se estaban realizando en el sector educativo, subrayando que, al reducir los recursos o la calidad de la educación, se está perjudicando el futuro de la sociedad y, por ende, el futuro de las nuevas generaciones.
El papa Francisco pronunció esta frase el 27 de septiembre de 2014, durante su discurso en el Encuentro Mundial de las Familias en Filadelfia, Estados Unidos.
En ese contexto, el Papa habló del papel fundamental de la familia en la construcción de una sociedad justa. Según el pontífice, la familia no solo es el núcleo básico de la vida humana, sino también la base sobre la cual se edifica una sociedad moralmente fuerte y equilibrada.
El papa Francisco pronunció la frase en su encíclica «Laudato Si’ publicada el 18 de junio de 2015, que se convirtió en su discurso en la conferencia de las Naciones Unidas el 25 de septiembre del mismo año.
En su discurso, Francisco reflexionó sobre cómo la degradación del medio ambiente no solo afecta al planeta, sino que también impacta de manera desproporcionada a los pobres y vulnerables, quienes son excluidos de los beneficios del desarrollo y del acceso a los recursos naturales.
El papa Francisco dijo esta frase en una entrevista publicada el 24 de enero de 2023.
El pontífice enfatizó en que las personas homosexuales no deben ser perseguidas por su orientación sexual, aclarando que la orientación sexual no es un crimen y que la Iglesia debe luchar contra la discriminación hacia estas personas. Además, destacó la importancia de que los países despenalicen la homosexualidad, ya que, según él, no puede considerarse un delito amar a otra persona, sin importar su orientación sexual.
El papa Francisco pronunció esta frase el 5 de junio de 2017, durante una conferencia de prensa en su vuelo de regreso a Roma desde Egipto.
Esta declaración fue una reflexión sobre la violencia y la brutalidad de los conflictos bélicos, que no solo causan sufrimiento físico, sino que también son una manifestación de la crueldad humana cotidiana. Con esta frase, el Papa condenaba la guerra y abogaba por la paz y la fraternidad entre los pueblos.
El 25 de julio de 2013, durante su intervención en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) en Río de Janeiro, Brasil, Francisco hizo un llamado a la acción a los jóvenes.
En su intervención animaba a las nuevas generaciones a ser audaces, a no tener miedo de hacer cambios y a ser protagonistas activos de su fe y de la sociedad. La frase refleja el énfasis del Papa en que los jóvenes deben ser agentes de cambio y que la vitalidad juvenil se encuentra en la disposición para actuar.
Durante su discurso en el Encuentro Ecuménico en Jerusalén, el 24 de mayo de 2014, el pontífice recordó la importancia del amor como el vínculo más fuerte y transformador entre las personas, incluso en medio de desacuerdos y conflictos.
En medio de su alocución, el papa subrayó que el amor verdadero puede superar las divisiones y traer paz, especialmente en contextos de tensiones y divisiones entre comunidades religiosas o pueblos.
La frase fue dicha por el papa Francisco durante un encuentro con mujeres religiosas en el Vaticano el 19 de mayo de 2015.
Esta declaración subraya el papel fundamental de las mujeres en la Iglesia, destacando su importancia como figuras clave en la comunidad cristiana, al igual que María lo fue para los apóstoles. El papa enfatizó varias veces la relevancia de las mujeres en la Iglesia, tanto en el ámbito espiritual como en el liderazgo y la vida cotidiana.